Esta es una prueba de una pagina HTML
Fideos con tuco
Se llamaba Beatriz Martínez pero todos la conocían por Bety. Era la menor de cuatro hermanos de una familia de clase media. La diferencia de edad con sus hermanos era muy grande: su hermana mayor era maestra y estaba próxima a casarse y los varones, mellizos estaban en el último año de la escuela secundaria cuando ella cursaba su segundo grado. Pero la diferencia física era aún mayor. Sus hermanos eran de piel trigueña. De cabellos castaños la hermana y los varones oscuros, casi negros. Bety en cambio tenía una tez muy blanca con algunas pecas y su cabello era rojo, pero no un rojo apagado, discreto, sino un rojo brillante, insultante. Decía la mamá que había heredado esta característica de un abuelo de ella del cual conservaban un retrato en la casa. Esa cabellera fue su cruz en la escuela primaria. ¿,Por qué no tenía como los demás chicos el pelo castaño, negro, o rubio como el de Julia o Cristina?. No, ella era el bicho raro, el semáforo en alerta para que los varones especialmente Pancho el cabecilla, la hiciera objeto de sus burlas. Era a la salida de la escuela, a no ser que su mamá o algún hermano_ la fuera a buscar, cuando aprovechaban para hacerla sufrir. En esas ocasiones la perseguían dos o tres de ellos, siempre con Pancho como instigador y le gritaban: Bety ¿qué te pasó? ¿Se te cayó el tuco sobre la cabeza?... Bety, ¡cabeza de fideos con tuco!. Su mamá varias veces fue a hablar a su maestra para que no la siguieran molestando, pero esta le dijo que no podía hacer nada ya que todo ocurría fuera de la escuela. Allí, decía no se burlaban de ella. Claro, que la señorita no los veía, cuando estaba dada vuelta, escribiendo en el pizarr6n y sus odiosos compañeros esperaban que ella los mirase para hacer como si comieran unos fideos imaginarios. Después llegó la escuela secundaria. Allí tuvo buenas amigas; pero una vez por una indiscreción de una de ellas supo que la llamaban fosforito. Al finalizar el ciclo estudió computación y ya bien capacitada consiguió un empleo en un ministerio Estaba contenta, trabajaba seis horas corridas y tenía un buen sueldo, lo único malo era su jefe: un hombrecito pelado, de cabeza redonda y con grandes anteojos detrás de los cuales estaban esos ojos movedizos que lo veían todo, a pesar del tic por el cual los cerraba continuamente. Sus movimientos eran nerviosos como los de un muñeco a cuerda y a cada rato aparecían con planillas de sueldos para confeccionar, recordándole: apúrese señorita Bety, tiene que estar listas antes de las seis Fue en ese ministerio donde conoció a Ricardo un pibe macanudo que trabajaba en l5: oficina de al lado A él siempre le atrajeron las pelirrojas y Bety era auténtica. Ese año se había puesto de moda teñirse los cabellos de rojo y ya no quedaban mujeres, fueran artistas de la televisión, funcionarias, políticas empleadas o amas de casa, que no tuvieran sus cabellos rojos, y la mayoría de ellas de un rojo tan estridente que hacían palidecer a los de Bety To top.